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Estas y muchas
otras historias encierran apreciaciones comunes en sentido de que
"las mujeres no sabemos leer, por eso no nos capacitamos y no
progresamos" o "…tenemos interés, pero no sabemos
leer". Sólo este hecho marca una diferencia vital con antaño.
Que las mujeres reconozcan al conocimiento como un instrumento de
primer orden para fortalecer su participación, su posibilidad de
aportar al desarrollo, su valoración, el ejercicio de sus
derechos… es un gran avance. Además reconocen que para adquirir
los conocimientos necesarios para mejor entender su realidad,
hacen falta ciertas herramientas como el alfabeto y las
capacitaciones.
Están
manifestando abiertamente su interés en actividades que en otros
tiempos eran impensables para mujeres. No sólo no se las tomaba
en cuenta, sino que ellas tampoco reclamaban su derecho a
capacitarse o a participar. Pensaban que "así nomás tenían
que ser las cosas". El salto delinea contextos
cualitativamente superiores que son la base indispensable para
avanzar y para entender los fundamentos de esos avances.
Es un despertar
vital, es mirarse de diferente manera. Es no sólo decir "yo
tengo derecho" sino "yo puedo y no solamente "yo
puedo" sino "yo quiero". El elemento volitivo en
este contexto demuestra que la exclusión fue históricamente
impuesta. Los argumentos que intentan fundamentar la ausencia de
las mujeres en el proceso de toma de decisiones respecto al
desarrollo por "falta de interés, de capacidad o de
condiciones" no corresponden a la realidad, porque el minuto
que comienza un proceso lento de reversión, las respuestas son
inmediatas. La avidez por aprender salta a la vista, y
lamentablemente la capacidad estatal y de la sociedad civil por
satisfacerla, son absolutamente insuficientes para cubrir mínimamente
la demanda.
Así aprendimos
de esta historia que las mujeres que son capaces de tomar la
palabra, pueden entonces expresar su pensamiento y hacer sentir su
presencia. Suena fácil pero quienes salen con dificultad de
escenarios caracterizados por la exclusión social, la
discriminación y la desvalorización; requieren una dosis
significativa de esfuerzo y valentía para lanzarse a la piscina y
protagonizar cambios tan esenciales y complejos. Estos testimonios
y reflexiones en primera persona así lo demuestran.
Es que no se
trata sólo de tomar la palabra. Es todo lo que significa la
posibilidad de tomarla, las consecuencias, los mundos que se
abren. Es dar la vuelta al mundo, a la vida, a la tradición y
costumbre que de pronto tanta seguridad nos da. Este tipo de
cambios nos obliga a transitar por periodos de inseguridad y
crisis profunda, nos hace sentir vulnerables… Sólo la convicción
en lo que estamos haciendo puede darnos la fortaleza que se
necesita para enfrentar el cambio. Así nos lo están demostrando
las compañeras campesinas de Tarija. Por eso, quisimos compartir
parte de su historia con todos y todas, porque ellas están
abriendo la brecha para las generaciones posteriores. ¡Lección
de vida!
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